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15 sept 2011
Las mañanas
Despertar despacio. Refugiarme en sábanas y sol de mañana. Apenas respirar. Aferrarme al sueño como a la vida, con el peso muerto de mi cuerpo ligero. Que su olor por la mañana, que su abrazo que me falta, que la casa vacía, que las ganas de nada. Suenan notas de nostalgia de las cuerdas de esta guitarra agridulce, cadera, cintura, pulso y canción. Escalofrío innecesario, sonrisa inevitable. Mis manos que imaginan su piel cálida. Que café pa' levantarse, que chocolate para endulzar, que un viaje a venus para el ánimo, que una ducha para empezar. Y mi boca busca en mis rodillas un calor, me cubro de una nueva desnudez, pasan las horas y el peso de mi obligo me impide volar. En mi pelo se enreda el silencio suyo y amarro mi corazón al catre, pa' que no se me vaya a escapar. Que café pa' levantarse, que chocolate para endulzar, que un viaje a venus para el ánimo, que una ducha para empezar. Luciérnagas como chispas van girando a mi alrededor, me caminan por la columna, por el cuello, por el vientre y el esternón.
Recuerdos y pasajes
Recordarlo mientras el café humea y el chocolate se derrite en mi boca, recordarlo y sentirlo en la memoria tan cerca, tan cálidamente cerca.
Pasajes de ida y regreso a Venus, maravillosamente cierto.
Pasajes de ida y regreso a Venus, maravillosamente cierto.
6 sept 2011
sonrisas, silencios y sol
Su sonrisa sencillamente me lo da todo. A veces pienso que él se comió el sol, su mirada cálida entibia suavemente mi corazón, despacito... Los momentos, los segundos, pasan inconsistentes entre nosotros, y a dos metros, el minutero sin piedad da vueltas y no se detiene. Para siempre quedará la voz suave de la ciudad, la calidez de aquella tarde primaveral, el canto del agua, el abrazo suavecito, la caricia inevitable, el beso oportuno, el silencio necesario, de quienes más que decírselo todo, prefieren susurrarlo entre acordes y cuerpos acurrucados, disfrutando de la juventud, de la brisa y los olores que trae con ella. Se esculpe en la memoria el recuerdo que constantemente me hace reír.
Pupilas de café recién preparado, quisiera lentamente envenenarme con tus labios, dulce humor que esconde tu boca, me despierta, me alivia... y de a poco me vuelve loca.
2 ago 2011
conmigo
Entre el café, el invierno, los besos y las palabras. ¿contigo? a ti te tomo la mano y me voy hasta el fin del mundo si quieres llevarme. Sonries... ¿porqué?. El frío, el parque. Tú, sobre todo tú.
Mes de los gatos, comienzas. Ahora todo comienza en los frios, se acerca la primavera. Volantines, flores. Te amo y todo es tan extraño...
Pero ¿sabes?... ya no temo, no te mo, te a mo. Salúd por eso.
Ahora ¿bailemos?
Mes de los gatos, comienzas. Ahora todo comienza en los frios, se acerca la primavera. Volantines, flores. Te amo y todo es tan extraño...
Pero ¿sabes?... ya no temo, no te mo, te a mo. Salúd por eso.
Ahora ¿bailemos?
esto es sobre:
al viento,
amor,
bailar,
besos,
café,
divagaciones,
El,
frio,
invierno,
pensamiento
31 jul 2011
Conmigomisma
La verdad es que no se de que escribir, pero poseo la necesidad imperante de hacerlo. Ya lo he dicho antes, en alguna otra entrada, quizá hace años, para mi esto es más que un desahogo, es casi un vicio, una necesidad. A veces no escribo porque necesite decir algo, si no que simplemente por el gusto de hacerlo, de inventar historia, plasmar sentimientos que no son mios. Pero es como un vicio. Sentarme a escribir, pensar, meditar, buscar en los profundos recovecos de mi mente algo que decir, aunque no sea nada. Como el café, siempre busco una excusa para un buen café, si con decir que tomo más de 365 tazas de café al año... si hay días en que llego a tomar hasta 4. Un día de estos o en muchos años más, iré al médico y este me dirá que mi vida está jodida por el café, quizá muera de una taquicardia por el exceso de cafeína... ¿quién podría saberlo? La vida es tan frágil que esto podría ser lo último que escribo. Ayer podría ser la última vez que haya besado a alguien, o la última vez que haya dicho "te amo". Aunque espero que no sea así, aun siento que tengo cosas que entregar en esta esfera enferma de humanidad. Tengo sueños locos, quizá irrealizables. Le he dicho a algunos, quisiera ir al continente africano algún día, a trabajar por aquellos que solo poseen el hambre y una esperanza corroida por la realidad y la corrupción. Quisiera trabajar en grande. Pero todo eso se vuelve una pompa de jabón, cuando pienso que mi gran aspiración de vida es formar una familia y tener un perro. Pero la vida es frágil y los sueños son solo horizontes lejanos. Son necesarios, porque nos ayudan a caminar mientras estemos vivos. Pero una vez muertos, una vez del otro lado yo no se que decir, no se que pensar. Es raro que haya pensado tanto en la muerte y jamás haya podido dar con una respuesta satisfactoria a mi interrogante. Quizá no hay nada más... o quizá si. La mayor parte del tiempo quedo ahí, divagando entre si o no, preguntandome por un sentido, y el sentido de que la vida tenga sentido. Y puede parecer un juego de palabras pero, ¿tiene sentido que la vida humana tenga un sentido especial? ¿no será un poco egocéntrico (antropocentrico) de nuestra parte pensar que nuestra vida tiene sentido? No se, pero estos son los momentos en que luego tomo mi guitarra y toco largas melodías en acordes menores, melodías incoherentes y sin armonía. Notas de pregunta, notas al aire sin respuesta. No busco la calma en la música, no me tranquiliza, no encuentro respuestas ahí, pero es casi tan adictivo como escribir. A veces creo que si los sentiemientos pudiesen materializarse serían algo así como sonidos, notas de una guitarra, acordes, apregios. O quizá de un piano o una flauta traversa, tal vez una viola o un violoncello. Es decir cuando toco guitarra en estas situaciones, solo busco ponerme en sintonía con esas emociones, vibrar con esas cuerdas, que ellas hablen por mi en ese idioma que no llego a entender. Bien, si has llegado hasta acá leyendo, te lo agradezco, la verdad escribí solo para mi y para nadie más, si has leído y te ha parecido interesante, pues esto soy yo. Fue solo un correr de mi conciencia. Si llegaste hasta acá, gracias por escucharme (leerme en realidad).
24 jul 2011
"Anda, deja que te acompañe que no es momento pa' andar sola"
Amalia se despertó despacito en aquella fría mañana. Nevaba y hacía frio en los huesos, dentro de la cama, bajo las mantas... definitivamente sentía que no había mejor lugar que ese. Cerró los ojos un ratito, sin dormirse denuevo. Pa' descansar, pa' animarse a enfrentar la vida otra vez. La pieza estaba casi oscura, solo se filtraba una débil luz por entre las cortinas de la ventana. El silencio se presentaba imperturbable. Cuando reunió la voluntad suficiente, se despegó rápido de las sábanas y fué directo a alimentar el fuego.
"Buena día Kalen" susurró, el fuego bostezó y paulatinamente fué consumiendo la leña, llenando de un cálido aroma la casa. Amalia acercó la cafetera al fuego, tomó una taza y se sentó a esperar, mirando distraida por el vidrio levemente empañado.
En realidad su mente estaba mucho más lejos, miraba en lo profundo de su alma el recuerdo de un muchacho, se ahogaba en su mirada. Se decía a si misma que era imposible imaginar cuánto lo extrañaba, y ella no acostumbraba a extrañar.
- "Amalia, tu café..."
- "Oh!, gracias Kalen... casi lo olvido"
- "¿Qué sucede Mali? te veo algo... distraida, ¿no será que aún piensas en...? "
- " No Kalen, no es él... definitivamente no es él."
Amalia miró sonriente al fuego, Kalen chisporroteó unos instantes
- "¿Entonces...?"
Amalia guardó silencio durante algunos segundos, sonriendo. Trataba de ordenar las ideas, pero estas parecían aún demasiado inquietas. Tomó un sorbo de café, dejo la taza en el mesón, se agarró la cabeza y la abrió con delicadeza. Agradeció su pelo corto en aquel instante, porque los pensamientos salieron a presión, y fueron a parar a todas partes. Cerró su cabeza y se sentó a observar.
- "¿Qué opinas Kalen?"
- "Pues bien, definitivamente no es él... pero, es otro. ¿Porqué piensas tanto en él? ¿te preocupa?"
Ah, eso es algo que el fuego jamás podría comprender. Amalia miró a Kalen con compasión y rió.
- "¡Pero de qué te ries niña! si la pregunta va enserio"
Los pensamientos revloteaban con un débil brillo azul, mostraban a ratos miradas, labios, momentos, siempre del mismo.
Amalia terminó su café, llamó a sus pensamientos con un suave silvido y todos sin excepción fueron a las palmas de sus manos. Ella los tragó nuevamente. Caminó descalza hasta el armario viejo, sacó algo de ropa para ponerse y un abrigo rahído.
- "Deberías tener algo de ropa decente Mali"
- "Cálla Kalen"
Se colgó unos cuantos amuletos que hayó por ahí e hizo ademán de salir.
- "Amalia, debes de estar loca, hace demasiado frío allí afuera, vas descalza, te congelarás"
Amalia miró por la ventana, nevaba aún.
- "Tienes razón, cuando pare un poco saldré... y me pondré zapatos, gracias Kalen... no se qué haría sin tí"
- "Probablemente morirías de frio"
Refunfuño Kalen, y volvió a su labor.
Amalia se sentó en una silla y miró al infinito. De pronto notó como una silueta se recortaba entre el blanco y el frío. El viento hacia flamear la capa y la bufanda de aquella misteriosa figura. Su vientre se hizo fluorescente en cuestión de segundos y sus ideas se inquietaron aún más. No sabía realmente si era él, pero lo presentía. Se quedó allí, a la espera de aquél que caminaba a duras penas entre el viento y los copos de nieve. Subió sus pies a la silla y se besó las rodillas. Despacito, dibujó un corazón empañado en el vidrio. El corazón latió deprisa.
Era él.
"Cuerpecito mio, en tanto lío que te he metido. Ahora viene él a curar con sus besos lo que me han hecho otros. Me tomará de la mano y me hará sentir feliz, aunque sea por un tiempo. El suficiente pa' pasar el invierno y pa' capear el frio...el café..."
Tocaron la puerta 3 veces, ella puso la cafetera cerca del fuego. Kalen la miró con recelo. Fué a la puerta y abrió. La fugura entró sin pedir permiso y cerró la puerta, lentamente fué descubriendo su cara, se bajó el gorro, se quitó la bufanda. A Amalia casi se le quebraron las piernas de la emoción, saltó a sus brazos y lo besó.
"Buena día Kalen" susurró, el fuego bostezó y paulatinamente fué consumiendo la leña, llenando de un cálido aroma la casa. Amalia acercó la cafetera al fuego, tomó una taza y se sentó a esperar, mirando distraida por el vidrio levemente empañado.
En realidad su mente estaba mucho más lejos, miraba en lo profundo de su alma el recuerdo de un muchacho, se ahogaba en su mirada. Se decía a si misma que era imposible imaginar cuánto lo extrañaba, y ella no acostumbraba a extrañar.
- "Amalia, tu café..."
- "Oh!, gracias Kalen... casi lo olvido"
- "¿Qué sucede Mali? te veo algo... distraida, ¿no será que aún piensas en...? "
- " No Kalen, no es él... definitivamente no es él."
Amalia miró sonriente al fuego, Kalen chisporroteó unos instantes
- "¿Entonces...?"
Amalia guardó silencio durante algunos segundos, sonriendo. Trataba de ordenar las ideas, pero estas parecían aún demasiado inquietas. Tomó un sorbo de café, dejo la taza en el mesón, se agarró la cabeza y la abrió con delicadeza. Agradeció su pelo corto en aquel instante, porque los pensamientos salieron a presión, y fueron a parar a todas partes. Cerró su cabeza y se sentó a observar.
- "¿Qué opinas Kalen?"
- "Pues bien, definitivamente no es él... pero, es otro. ¿Porqué piensas tanto en él? ¿te preocupa?"
Ah, eso es algo que el fuego jamás podría comprender. Amalia miró a Kalen con compasión y rió.
- "¡Pero de qué te ries niña! si la pregunta va enserio"
Los pensamientos revloteaban con un débil brillo azul, mostraban a ratos miradas, labios, momentos, siempre del mismo.
Amalia terminó su café, llamó a sus pensamientos con un suave silvido y todos sin excepción fueron a las palmas de sus manos. Ella los tragó nuevamente. Caminó descalza hasta el armario viejo, sacó algo de ropa para ponerse y un abrigo rahído.
- "Deberías tener algo de ropa decente Mali"
- "Cálla Kalen"
Se colgó unos cuantos amuletos que hayó por ahí e hizo ademán de salir.
- "Amalia, debes de estar loca, hace demasiado frío allí afuera, vas descalza, te congelarás"
Amalia miró por la ventana, nevaba aún.
- "Tienes razón, cuando pare un poco saldré... y me pondré zapatos, gracias Kalen... no se qué haría sin tí"
- "Probablemente morirías de frio"
Refunfuño Kalen, y volvió a su labor.
Amalia se sentó en una silla y miró al infinito. De pronto notó como una silueta se recortaba entre el blanco y el frío. El viento hacia flamear la capa y la bufanda de aquella misteriosa figura. Su vientre se hizo fluorescente en cuestión de segundos y sus ideas se inquietaron aún más. No sabía realmente si era él, pero lo presentía. Se quedó allí, a la espera de aquél que caminaba a duras penas entre el viento y los copos de nieve. Subió sus pies a la silla y se besó las rodillas. Despacito, dibujó un corazón empañado en el vidrio. El corazón latió deprisa.
Era él.
"Cuerpecito mio, en tanto lío que te he metido. Ahora viene él a curar con sus besos lo que me han hecho otros. Me tomará de la mano y me hará sentir feliz, aunque sea por un tiempo. El suficiente pa' pasar el invierno y pa' capear el frio...el café..."
Tocaron la puerta 3 veces, ella puso la cafetera cerca del fuego. Kalen la miró con recelo. Fué a la puerta y abrió. La fugura entró sin pedir permiso y cerró la puerta, lentamente fué descubriendo su cara, se bajó el gorro, se quitó la bufanda. A Amalia casi se le quebraron las piernas de la emoción, saltó a sus brazos y lo besó.
15 jul 2011
Ejército de luciernagas
Dejé un par de besos revoloteando en tus labios... olvidé un pedacito de mi piel entre tus dedos. Quizá un par de sueños que a propósito deposité en tu almohada.
Y ahora tomo un café, pensando en que llueve. Llueve allí afuera y el agua que cae me habla de tantas historias. Y me habla de mí... y de ti. Luego canta... tu canción.
Y ahora florece la ternura en todo su esplendor, amanece. Recuerdo tu voz, como el sol. Que tras las nubes no lo puedo ver, pero ahí está, lo sé.
Y ahora que pronto partiré, los pajarillos me recitan un color. Y yo te dejo mi sangre para que cuando vuele, lejos de aquí... sepas que volveré siempre a ti.
Las cuerdas que me atrapan entre trastes y clavijas, se me enredan con las tripas y las alas de mi memoria y un ejército de luciérnagas que invade mi vientre, desde ayer.
8 jul 2011
Amor ch'a nullo amato amar perdona
¿Siento dolor? ya no.
¿Siento miedo? ya no.
De a poquito se esfuman las palabras.
Como se disipa en las noches el ánima de la estrella que humea entre sus manos.
Me corrompen las ganas...
Me envuelve el deseo...
Déjenme decir, sin que nadie se asuste,
que sí, me vuelvo lunática, que sí, sonrío sin razón, que sí, me siento ligera.
Enredo su recuerdo con las tripas de la guitarra y entre mariposas evoco una canción. Que me eleva hasta el Sol y me deja caer. Apostar el todo, arriesgarse a quedar en nada.
Vértigo.
Ahí en cada rinconcito de esta piel nueva.
22 jun 2011
De otros lugares...
Eran pasado las diez. Hacía un frío espeluznante aquel día, pero él no se inmutaba, parecía entretenido y demasiado ensimismado como para darse cuenta de aquella sutilidad. Piazza Navona lucía triste aquel día, los turistas ya se retiraban y había poca gente transitando, en su mayoría vendedores ambulantes que ya partían rumbo a casa. De pronto divisó su figura a lo lejos, demasiado delicada, su mirada dulce de cordero nuevo y su andar gracioso, casi levitando. Llevaba un paraguas en la mano y sus pasos eran firmes y seguros. Sabía él más que nadie, que toda esa delicadeza eran pura impresión, aquella mujer era de temer. Mucho había logrado ya con conseguir aquella cita. De pronto estuvo nervioso, no quería echarlo todo a perder, era verdad, tenía miedo. Pocas veces sintió eso con una mujer. Solía tener muchas y pasar de una a otra como quien cambia de chaqueta, pero ella era distinta, tenía ese "no-se-que" de las cosas difíciles y prohibidas.
Se saludaron, hablaron banalidades unos minutos, hasta que comenzaron a avanzar a paso rápido para encontrar un café, cada uno apretó el abrigo contra su pecho, caminaban uno al lado del otro. Sentía como su corazón chisporroteaba alegría ¿qué importaba el frío?, solo una excusa para tomarse del brazo de él. Paraguas en mano había partido, demorándose a propósito, ansiosa por parecer natural, deseosa de hacerle creer que apenas si se interesaba por estar ahí. No sabía por que, pero tenía miedo de que los otros se enteraran de lo que ella sentía, porque la hacía sentir frágil, expuesta, por eso se reservaba todo.
Entraron a un bar, puesto que a esa hora ya no habían cafés abiertos. Conversaron largo rato, hasta que dieron las 11:30. Ella debía irse, él le ofreció acompañarla hasta su casa, pero ella solo accedió a que la acompañara a Lungotevere tor di nona, para tomar un taxi. Llovía, así que se fueron ambos bajo el paraguas de ella.
El taxi no demoró en pasar, fue una despedida cálida, pero de esas que dejan con gusto a poco. Se abrazaron fuertemente y ella se separó rápidamente para correr al taxi que en ese momento abría las puertas. Él se quedó allí, mirando cómo se alejaba el taxi, saludando con la mano, solo. Comenzó a caminar en dirección opuesta a la que se alejó el taxi, pronto se encontró con el ponte Sant'angelo. Aquellos ángeles apocalípticos le hacían sentir irremediablemente perdido, condenado. Cruzó el puente lleno de ángeles mal iluminados, solo por sentir aquella escalofriante sensación de incertidumbre infinita que lo asediaba, acompañada de aquellos demonios alados, disfrazados de bien, pero no sentía miedo. Sintiose sentenciado por aquellos jueces ciegos del destino, si. Él, estaba enamorado, otra vez.

Se saludaron, hablaron banalidades unos minutos, hasta que comenzaron a avanzar a paso rápido para encontrar un café, cada uno apretó el abrigo contra su pecho, caminaban uno al lado del otro. Sentía como su corazón chisporroteaba alegría ¿qué importaba el frío?, solo una excusa para tomarse del brazo de él. Paraguas en mano había partido, demorándose a propósito, ansiosa por parecer natural, deseosa de hacerle creer que apenas si se interesaba por estar ahí. No sabía por que, pero tenía miedo de que los otros se enteraran de lo que ella sentía, porque la hacía sentir frágil, expuesta, por eso se reservaba todo.
Entraron a un bar, puesto que a esa hora ya no habían cafés abiertos. Conversaron largo rato, hasta que dieron las 11:30. Ella debía irse, él le ofreció acompañarla hasta su casa, pero ella solo accedió a que la acompañara a Lungotevere tor di nona, para tomar un taxi. Llovía, así que se fueron ambos bajo el paraguas de ella.
El taxi no demoró en pasar, fue una despedida cálida, pero de esas que dejan con gusto a poco. Se abrazaron fuertemente y ella se separó rápidamente para correr al taxi que en ese momento abría las puertas. Él se quedó allí, mirando cómo se alejaba el taxi, saludando con la mano, solo. Comenzó a caminar en dirección opuesta a la que se alejó el taxi, pronto se encontró con el ponte Sant'angelo. Aquellos ángeles apocalípticos le hacían sentir irremediablemente perdido, condenado. Cruzó el puente lleno de ángeles mal iluminados, solo por sentir aquella escalofriante sensación de incertidumbre infinita que lo asediaba, acompañada de aquellos demonios alados, disfrazados de bien, pero no sentía miedo. Sintiose sentenciado por aquellos jueces ciegos del destino, si. Él, estaba enamorado, otra vez.
Detalle ponte Sant'Angelo, Roma, noviembre 2007
18 jun 2011
malditas margaritas
Y ahora resulta que estoy jugando a dehojar margaritas.
Voy a veces perdida por la vida, sin rumbo.
Recuerdo entonces... y ya no quiero recordar.
Me confundo a ratos, como que no se que pensar.
¿si? ¿no? ¿quizá? . La posibilidad de caer en sus brazos,
abandonarme su cuerpo, contagiarme de su calidez.
Tentación. El sol viene a colarse por la ventana.
Miro mi reflejo y siento que no me veo,
como si mi existencia fuere eterea.
Porque a veces soy humito que sube y se pierde.
Se disuelve, para siempre. Como el azucar en el café.
Y mis sienes están exhaustas. Mi craneo produce eco.
Por dentro. Se difuminan sus colores dentro del marco.
Pero su silueta como mi sombra me sigue, me persigue.
Igual que la sentencia del beso que nunca nos dimos.
Pero el tiempo pasó muy rápido, quizá muy lento.
Víctima del juego, jugadora compulsiva, enfermiza.
Ahora miro el horizonte sin pensar.
Porque mis alas rotas, mis pies destruidos,
mi abrigo rahído. Me piden a gritos que deje de avanzar.
Pero él, músculo palpitante y caprichoso.
Testarudo e insufrible corazón, me incita a dar
nuevamente un paso, otro y otro más.
9 jun 2011
Solo quiero querer...
Querido,
Hay mañanas en que despierto tan tuya, tan cerquita, que siento que puedo casi rozar tus inseguridades... tu pecho. Hay mañanas en que despierto tan tuya que creo haber sido dibujada por tus manos, concebida solo en tu mente. Esculpida por tí y para ti por tus brazos que pasarían mil años por la cuenca de mi ombligo, por mis valles, por mis montes. Tan para ti que mis piernas solo responderían a tu llamado, que mi voz solo cantaría para ti, que mi centro solo palpitaría por tí.
Hay mañanas en que una vez que me levanto y el frío invade mi cuerpo, una tibieza en mi alma inhunda la soledad que me rodea. Esa brisa azulina, algo nostálgica y avejentada que frecuentemente viene a quedarse en mi habitación por períodos prolongados, que da vueltas y vueltas sin hayar una salida, se disipa al recuerdo de que estas ahí, en algún lado. Quizá pensando en mi, quizá pensando en otra, quizá nisiquiera pensando... Qué más da. No es eso lo importante, lo imprescindible es que existes, estás ahí y te amo.
Hay mañanas en que la canción que hay en mi corazón se vuelve una suave sinfonía que me acompaña durante eternos minutos en que evoco tu sonrisa ligera, en que tu compañía se hace casi tan real como el aire que entra en mis entrañas y me renueva el ánimo, casi tan real como el brebaje amargo que degusto con delicia en mi paladar. A veces al mirar dentro de la taza, el líquido que gira parece traerme tu mirada perdida desde lejos y el vapor que se escurre ligero se escapa gracioso, como tus ojos cuando de verdad te veo.
Y no dejo ir tu recuerdo, porque su compañía me hace falta cuando no está. Tal como no te dejo ir a ti, porque me haces falta cuando no estas.
Creo que a veces mareo con tantas palabras, con tantas jergas y retóricas. Pero todo es simple y claro. No necesito palabras para decirte que lo único que quiero que sepas es que te quiero. Basta un abrazo, basta una mirada....
Hay mañanas en que despierto tan tuya, tan cerquita, que siento que puedo casi rozar tus inseguridades... tu pecho. Hay mañanas en que despierto tan tuya que creo haber sido dibujada por tus manos, concebida solo en tu mente. Esculpida por tí y para ti por tus brazos que pasarían mil años por la cuenca de mi ombligo, por mis valles, por mis montes. Tan para ti que mis piernas solo responderían a tu llamado, que mi voz solo cantaría para ti, que mi centro solo palpitaría por tí.
Hay mañanas en que una vez que me levanto y el frío invade mi cuerpo, una tibieza en mi alma inhunda la soledad que me rodea. Esa brisa azulina, algo nostálgica y avejentada que frecuentemente viene a quedarse en mi habitación por períodos prolongados, que da vueltas y vueltas sin hayar una salida, se disipa al recuerdo de que estas ahí, en algún lado. Quizá pensando en mi, quizá pensando en otra, quizá nisiquiera pensando... Qué más da. No es eso lo importante, lo imprescindible es que existes, estás ahí y te amo.
Hay mañanas en que la canción que hay en mi corazón se vuelve una suave sinfonía que me acompaña durante eternos minutos en que evoco tu sonrisa ligera, en que tu compañía se hace casi tan real como el aire que entra en mis entrañas y me renueva el ánimo, casi tan real como el brebaje amargo que degusto con delicia en mi paladar. A veces al mirar dentro de la taza, el líquido que gira parece traerme tu mirada perdida desde lejos y el vapor que se escurre ligero se escapa gracioso, como tus ojos cuando de verdad te veo.
Y no dejo ir tu recuerdo, porque su compañía me hace falta cuando no está. Tal como no te dejo ir a ti, porque me haces falta cuando no estas.
Creo que a veces mareo con tantas palabras, con tantas jergas y retóricas. Pero todo es simple y claro. No necesito palabras para decirte que lo único que quiero que sepas es que te quiero. Basta un abrazo, basta una mirada....
1 jun 2011
Antes de soñar
El sabor amargo sigue en el paladar. La taza humea aún, dejando escapar los últimos fantasmas de vapor, mis parpados pesan como plomo.
En mi mente, en este momento, solo hay cabida para tí, como al cielo sombrío solo le caben las estrellas y la luna. Pienso en si alguna vez llegará tu piel a hacerme compañía, si alguna vez tu tibieza se posará en la mia. Imagino descubriendote y conquistandote como a un nuevo continente, lleno de misterios y selvas casi virgenes. Recorriendote con ansias y anhelos de fundar un poblado en tu memoria, apoderarme de un pedazito de tu boca.
Con estas palabras voy esculpiendote en silencio, en el recuerdo de un futuro que quizá nunca sea. Con el cincel de mis sueños vas haciendote tan real, vamos jugando con el fuego del amarnos sin amar.
En mi mente, en este momento, solo hay cabida para tí, como al cielo sombrío solo le caben las estrellas y la luna. Pienso en si alguna vez llegará tu piel a hacerme compañía, si alguna vez tu tibieza se posará en la mia. Imagino descubriendote y conquistandote como a un nuevo continente, lleno de misterios y selvas casi virgenes. Recorriendote con ansias y anhelos de fundar un poblado en tu memoria, apoderarme de un pedazito de tu boca.
Con estas palabras voy esculpiendote en silencio, en el recuerdo de un futuro que quizá nunca sea. Con el cincel de mis sueños vas haciendote tan real, vamos jugando con el fuego del amarnos sin amar.
31 may 2011
La espuma del café
Ya era tarde cuando decidí hacerme un último café aquella noche. Mientras esperé que hirviera el agua en la tetera, pensé en que el día había sido algo extraño, como un día silencioso, sin serlo en realidad. Un pensamiento que me seguía cual sombra había obtenido toda mi atención.
Al despertar en la mañana, mientras lentamente abría los ojos, sentí que despertaba con el recuerdo tan nítido de él, a mi lado, solo haciendome compañía en la mañana de lunes. El sol matutino que se colaba por la ventana creaban un ambiente lo suficientemente tibio en la habitación como para que no fuera un suplicio salir de la cama. Tomé un libro y despacito me puse sobre las sábanas a leer y disfrutar de algunas páginas, antes de ir a por el primer café de la mañana. Y entonces en mi memoria surgió el recuerdo cálido de su abrazo y de su voz diciendo "amor".
Y unas mariposas giraban en torno a él, giraban como giró luego la espuma en mi café.
Luego pensé en él cuando me duché, el agua que corría caliente sobre mi espalda y acariciaba mi cuerpo delicadamente me recordo a sus manos, que como el artista, esculpían mi cuerpo en su memoria para siempre. Y sentí su olor en el agua que se fué, pero no quize retenerla. Cuando al salir de mi casa miré al cielo por primera vez, recordé las hojas del otoño que nos vió nacer y las comparé con las hojas del otoño que me vió llorar, otoño de hoy, y todas sus hojas que ahora al caer, me recuerdan a las últimas gotitas que le heché al café.
Luego en la tarde cuando ya volví, me tiré en la cama dispuesta a dormir, un rato. Pero de tantas vueltas que me di, desordené la cama y al sueño no vi, finalmente me senté a escribir, pensando solamente en lo que me recuerda a ti y en las palabras pronto descubrí, que te escondías, de mi. Me dispuse finalmente a tomar este café y las animas que suben desde él, se divierten apenas rozandome la piel. Y en la espuma gira lo que no alcazé a decirte muy bien.
Al despertar en la mañana, mientras lentamente abría los ojos, sentí que despertaba con el recuerdo tan nítido de él, a mi lado, solo haciendome compañía en la mañana de lunes. El sol matutino que se colaba por la ventana creaban un ambiente lo suficientemente tibio en la habitación como para que no fuera un suplicio salir de la cama. Tomé un libro y despacito me puse sobre las sábanas a leer y disfrutar de algunas páginas, antes de ir a por el primer café de la mañana. Y entonces en mi memoria surgió el recuerdo cálido de su abrazo y de su voz diciendo "amor".
Y unas mariposas giraban en torno a él, giraban como giró luego la espuma en mi café.
Luego pensé en él cuando me duché, el agua que corría caliente sobre mi espalda y acariciaba mi cuerpo delicadamente me recordo a sus manos, que como el artista, esculpían mi cuerpo en su memoria para siempre. Y sentí su olor en el agua que se fué, pero no quize retenerla. Cuando al salir de mi casa miré al cielo por primera vez, recordé las hojas del otoño que nos vió nacer y las comparé con las hojas del otoño que me vió llorar, otoño de hoy, y todas sus hojas que ahora al caer, me recuerdan a las últimas gotitas que le heché al café.
Luego en la tarde cuando ya volví, me tiré en la cama dispuesta a dormir, un rato. Pero de tantas vueltas que me di, desordené la cama y al sueño no vi, finalmente me senté a escribir, pensando solamente en lo que me recuerda a ti y en las palabras pronto descubrí, que te escondías, de mi. Me dispuse finalmente a tomar este café y las animas que suben desde él, se divierten apenas rozandome la piel. Y en la espuma gira lo que no alcazé a decirte muy bien.
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