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7 mar 2012

Ya nos veremos...

La ciudad brilla a lo lejos y la luz mortecina de la lámpara alumbra débilmente mis ojos. Recorro con mi memoria los recovecos de tu piel, en mis manos persisten las caricias de noches cálidas junto a tu boca. Me dicen los pensamientos que nos veremos pronto... mañana, horas... cientos de minutos y segundos para rozar el semblante de tu cara. Y lo único que mi corazón suplica a golpes, que me abraces fuerte, que presiones tu cuerpo sobre el mío. Quiero sentir el peso de tus huesos, tu sangre hirviente, tu mirada llena de impaciencia. Que tus dedos agarren mi quijada con desesperación, que emerja desde lo profundo tu fuerza más animal... y que se pierdan los gemidos en el mar violento de tu mente. Que nos suicidemos en la pasión que nos ciega y renazcamos juntos, para comenzar de nuevo.


Tierra del Fuego, 2012

4 mar 2012

Por tanto extrañarte



A veces el viento me traía tus caricias, con suaves brisas acariciaba mis mejillas, delicadamente... casi como si se arrepintiera de hacerlo. 
Y en el horizonte se dibujaba tu silueta desnuda, tu pelo alborotado, tus hombros firmes. En el silencio escuchaba el eco de tus labios rozando mi gastada piel.
Los atardeceres resplandecían colores ardientes, como tu corazón, el cielo se teñía de sangre hirviente que escapaba de mis venas para unirse húmedamente con tu recuerdo en ese paisaje onírico.
Desde lejos tu abrazo cálido se mezclaba con el frío penetrante. Caía en mi abismo tu luz candelaria. Mis manos te extrañaban, mis pechos te extrañaban, mi vientre te extrañaba. Mi corazón latía sin locura. 
Escapábanse águilas de garras afiladas de mi mente, pesadillas agrias que se enredaban en mi pelo y caían lentamente por mi espalda, hiriendome este cuerpecito mio, que no se aguantaba ni los huesos. 
No me acostumbraba a tu ausencia, asi que busqué tu escencia en las cosas dulces que la tierra inhóspita y final me ofrecía amablemente. Te vi en las montañas, en las nubes, en el aire, en las olas del mar, en las corrientes de los rios, en el calafate, en los ojos del zorro salvaje, en el vuelo del cóndor, en el cantar de las bandurrias, en el color de la parina, en la grandeza de la ballena, en la oscuridad de la noche, en la inmensidad de la pampa, en la delicadeza del llao-llao, en el correr ágil del guanaco... te vi, en el centro de Tierra del Fuego, te vi.



27 nov 2011

Intranquilidad



El miedo y la angustia carcomen las entrañas, se acelera el pulso y la idea de un cambio radical en los planes viene a mi mente como un relámpago que repentinamente rompe con la tranquilidad de mi vientre. Manos temblorosas... no hay calma.


8 nov 2011

Aquel día



Cierto día volverían a estar solos. Cierto día volverían a despertar sin el sueño que otros habían dormido por ellos. Y sin escrúpulos se admirarían en silencio, descubriendo a cada segundo una nueva razón para creer que cierto día, después de ese, volverían a estar solos, mirándose a los ojos o tal vez contemplando la suave silueta de contornos difusos en la oscuridad de una noche y a la luz de la luna del amante. 
Y sin miedos enlazarían sus manos, matando el egoísmo, compartiéndose a si mismos. Y buscando sabores, como caminos acariciarían el alba apenas con sus manos de azúcar. Y embriagados de amor volverían a si mismos por instantes, para luego hundirse nuevamente en el breve espacio en el que estarían solos.
Y los acordes de ella atraparían historias que para siempre en su memoria quedarían clavadas. Arpegios que él compondría con brazos de fuego serían susurrados al viento que llamado por su nombre enloquecería. 
Así sabían y aguardaban tranquilos, aquel día en que volverían a estar solos. 





27 sept 2011

Incomprensible

No habrá planes para aquel ocaso, tampoco habrá razones. Ya no habrá excusas ni esperas. Solo luces que titilen distantes y el ruido lejano de la ciudad que cansada comience a morir. El corazón arrastrará un cauce violento desde mi pecho hacia mi vientre, en mi cuello danzará el crespo pelo mio. No habrá sedas ni velas para aquel atardecer, solo luz mortecina de la bombilla de bajo consumo. Y no habrá olores deliciosos, solo olor a miel. Me vestiré de azúcar y nadaré en un océano de ron, despacito, llegando a la costa. Pisaré la arena de la playa y marcaré mis huellas con sangre roja y pétalos de gerbera color carmín. Andaré descalza porque no hará frío, y cada vez que roce el aire, a lo lejos el volcán irá temblando, tensándose, alzándose, lentamente... hasta que explote potentemente con ardiente lava hacia el interior del inconsciente. El calor abrazante me presionará como la  boa constrictora, sin escapatoria, hasta que estalle también desde la pelvis al esternón, este cuerpo mio que no se aguanta ni las ganas. 


Herman Pinto Pabon

20 sept 2011

La loca

Se resbalan dulces palabras desde las bocas, susurradas como la brisa. Y caen lentas en la piel y por los ejes. Mancha la tinta, sin remedio, la carta con las cosas que no se dijeron. Avanza irremediablemente segura hacia las confesiones y ahoga la verdad. 
Y la que escribiera aquellas letras abandona una lágrima sobre el líquido derramado. Luego abre la ventana y escapa, va hacia las nubes, porque estar allí la reconforta. Un hogar ligero y volátil, temporal y embustero. Con el humo se inventa nuevos mundos, moldea días, besos y cuerpos. Luego baja y en su escritorio yace aquella carta asesinada, y llora. Se escandaliza porque dentro de ella florece un sentimiento y se sienta de nuevo, entre la amargura y la soledad a despojarse declaraciones falsas. 
Es cuando los semblantes amorosos asedian su confundida cabeza, mirándola con bocas suaves, con ojos risueños, con manos amigas. Entonces en su desesperación abre sus venas y descubre dentro de ella el olor nauseabundo del engaño, todo revienta, todo explota, todo acaba. Solo restan dolor y ausencia. 

16 ago 2011

sueño fugaz

Se miraban directo a los ojos, se reían.
- ¿qué hacemos ahora...?
- ¡una locura!
Se tomaron de la mano y corrieron hasta que se les fué el aliento. Cayeron riendose, sin soltarse las manos. Ella gritó, él la miró, un poco extrañado, riendose. Ella lo miró, riendose también. A veces cuando la felicidad la desbordaba sentía ganas de gritar, aunque jamás lo hacía, ahora no importaba, nadie escucharía de todas formas, estaban demasiado lejos del mundo... incluso lejos de ellos mismos. 

31 jul 2011

Conmigomisma

La verdad es que no se de que escribir, pero poseo la necesidad imperante de hacerlo. Ya lo he dicho antes, en alguna otra entrada, quizá hace años, para mi esto es más que un desahogo, es casi un vicio, una necesidad. A veces no escribo porque necesite decir algo, si no que simplemente por el gusto de hacerlo, de inventar historia, plasmar sentimientos que no son mios. Pero es como un vicio. Sentarme a escribir, pensar, meditar, buscar en los profundos recovecos de mi mente algo que decir, aunque no sea nada. Como el café, siempre busco una excusa para un buen café, si con decir que tomo más de 365 tazas de café al año... si hay días en que llego a tomar hasta 4. Un día de estos o en muchos años más, iré al médico y este me dirá que mi vida está jodida por el café, quizá muera de una taquicardia por el exceso de cafeína... ¿quién podría saberlo? La vida es tan frágil que esto podría ser lo último que escribo. Ayer podría ser la última vez que haya besado a alguien, o la última vez que haya dicho "te amo". Aunque espero que no sea así, aun siento que tengo cosas que entregar en esta esfera enferma de humanidad. Tengo sueños locos, quizá irrealizables. Le he dicho a algunos, quisiera ir al continente africano algún día, a trabajar por aquellos que solo poseen el hambre y una esperanza corroida por la realidad y la corrupción. Quisiera trabajar en grande. Pero todo eso se vuelve una pompa de jabón, cuando pienso que mi gran aspiración de vida es formar una familia y tener un perro. Pero la vida es frágil y los sueños son solo horizontes lejanos. Son necesarios, porque nos ayudan a caminar mientras estemos vivos. Pero una vez muertos, una vez del otro lado yo no se que decir, no se que pensar. Es raro que haya pensado tanto en la muerte y jamás haya podido dar con una respuesta satisfactoria a mi interrogante. Quizá no hay nada más... o quizá si. La mayor parte del tiempo quedo ahí, divagando entre si o no, preguntandome por un sentido, y el sentido de que la vida tenga sentido. Y puede parecer un juego de palabras pero, ¿tiene sentido que la vida humana tenga un sentido especial? ¿no será un poco egocéntrico (antropocentrico) de nuestra parte pensar que nuestra vida tiene sentido? No se, pero estos son los momentos en que luego tomo mi guitarra y toco largas melodías en acordes menores, melodías incoherentes y sin armonía. Notas de pregunta, notas al aire sin respuesta. No busco la calma en la música, no me tranquiliza, no encuentro respuestas ahí, pero es casi tan adictivo como escribir. A veces creo que si los sentiemientos pudiesen materializarse serían algo así como sonidos, notas de una guitarra, acordes, apregios. O quizá de un piano o una flauta traversa, tal vez una viola o un violoncello. Es decir cuando toco guitarra en estas situaciones, solo busco ponerme en sintonía con esas emociones, vibrar con esas cuerdas, que ellas hablen por mi en ese idioma que no llego a entender. Bien, si has llegado hasta acá leyendo, te lo agradezco, la verdad escribí solo para mi y para nadie más, si has leído y te ha parecido interesante, pues esto soy yo. Fue solo un correr de mi conciencia. Si llegaste hasta acá, gracias por escucharme (leerme en realidad).

20 jun 2011

Desprecio

Hoy no vengo a hablar de corazones, sentimientos ni amores. Ni siquiera de pensamientos vagos o ideas sueltas. Ni de ideales, utopías o esperanzas. Ni siquiera pretendo mencionar sombras del pasado, recuerdos, olvidos. Hoy vengo a testimoniar lo que siento casa vez que escucho hablar a ese hombre de lentes y nariz ancha. Cada vez que ese "señor ministro" abre su pico, me revienta la hiel. Cada vez que leo una declaración que escapó de su persona, entonces me explota la cabeza. Siento que él aplica a cabalidad la versión masculina de la "mosquita muerta": Se hace olímpicamente el weón. 


Señor Lavín, ojalá renunciara. Por el bien de la popularidad de su gobierno que va como cuervo en picada, por bien a su reputación (que hasta el momento vendrían siendo las primeras 6 letras de la palabra más "que lo parió"). Por el bien de todos nosotros que nos entran unas ganas incontrolables de acabar con nuestra vida cada vez que le vemos en la cajita que emite sonidos e imágenes, a menos de que desee un suicidio masivo de estudiantes en Chile. No es que le desee mal, pero ojalá le diera una colitis tan tremenda que no pudiera salir más del baño. Señor ¡Renuncie!... y que Dios me perdone, pero puta el weón imbécil, que rabia. 


Sin más ná que decir. Me despido cordialmente de todos los que me leen. Espero no haberles hecho perder demasiado tiempo. Nos vemos en la próxima entrada.   

11 jun 2011

puntos menos al Karma

Hoy estoy sin ánimos. 
Todo se fué en esas conversaciones y en el tratar de respirar el aire denso de sentencia y traición. 
Puedo decir, no luché hasta el final. Es decir, perdí. Perdí lo único que podía perder y perdí contra lo único que podía perder, perdí la credibilidad en mi misma, perdí contra mi. Las amistades... las promesas... los fuegos en las lunas llenas. Todo eso lo escondí por miedo, miedo a levantarme y defender lo que creía justo. La confusión no me permitió hilar ideas claras en mi mente y levantar mi trasero para hablar y decir que la situación era injusta. 

Solo pude defenderme a mi misma y de manera pobre. 

Mi contribución al hecho fué solo hacerlo más grave. Todo salió tan mal, de la peor forma posible. 

Finalmente no tengo ánimos de nada. Hoy me siento maldita. Maldita porque esto me pesará en la conciencia más de lo que desearía. Maldita porque será mi karma, hasta que haga algo bueno.

Sin más, sin ganas ni de salir... y que el alcohol me haga olvidar a ratos la desdicha. Sin ganas de pensar en los latidos de mi corazón y lo que me dicen. Sin ganas de soñar... me voy a dormir. Con la esperanza de que mañana sea otro día, donde pueda hacer mejor las cosas... 

2 jun 2011

Rabia y veneno

  


¿Cómo explicarte? 
Quizá tu breve corazón no comprenda jamás lo que pasa en mi pecho. Te paseas por mi casa, por mi pieza, por mi vida como aquel que es sangre de mi sangre, que fué engendrado de las mismas entrañas. No digo que de alguna entraña no seamos comunes, pues de hecho lo somos. Pero eres una extraña a la que me he acostumbrado a soportar. Pero que sepas que esa mirada escurridiza y de reojo que te dedico tiene una razón simple y clara, la misma razón por la cual hace meses que no te miro a los ojos, ni a ti ni a aquel que te acompaña día y noche, formando para mi una especie de pesadilla que me recuerda reiteradamente que tus peleas sobrevivieron a mi historia de risas fáciles, lo que me produce una profunda contradicción de vida, pues siempre he considerado que la vida es, en último instante, justa. 
Pero es a lo mejor que todavía no es el último instante. 

Eres como la ninfa que una y otra vez mira su reflejo en el agua y no sabe más que hablar de si misma y pensar en si. Ocupas mis bosques, mis rios, mi lecho... para amar a aquel que también me es ajeno. Cada vez que resuena tu voz en mi tímpano siento que estallará ese veneno del que vas colmando mi sangre. La hiel que me recorre cada vez que te haces presente en un segundo de mi vida, me hace pensar en carne muerta, carne podrida. Cuerpos mutilados y buitres carroñeros que desgarran cadaveres. Cuervos que pican los ojos del torturado y águilas que rompen las carnes y víceras de Prometeo con sus garras afiladas que penetran en los músculos como dagas de hojas oxidadas.  


30 may 2011

Solo a ti te sonríe el sol

Aún recuerdo los meses en que jugamos a ser felices juntos. En mi memoria reviso un album de fotografías, de mi y de ti, juntos en un marco, como en un cuadro de amantes para siempre. Y nos divertimos con nuestros corazones, enterrandolos y desenterrandolos, a los ojos del cielo celeste. No sé cómo fué que se nos ocurrió ese juego, creo yo que fué complicidad de amor. Aunque ahora solo a tí te sonríe el sol.
Volverán a mi las canciones del ayer, como pájaros navegando en las cuerdas de una guitarra invisible que va soltando notas al azar. Sinfonía caprichosa que quiebra los cristales de mis lágrimas en estallidos de carcajadas y sonrisas. Aunque ahora solo a tí te sonríe el sol. 
Pero después de esta infancia contigo no correspondida, que nunca debí vivir, hago memoria y te veo entre tanta luz, luz de luna lejana y azul. Luz fría y de nostalgia, radiante. Tus montes, tu cirio y tus musgos, tu piel blanquecina y tu mirada tibia de café de la mañana, te veo dispuesto en sábanas blancas, tu boca ofreciendo su humor delicado entre suaves marfiles que apenas brillan. Pero ahora solo a ti te sonríe el sol.
Resuena el eco de miles de parasiempres y teamos en mi craneo y me pregunto hoy ¿realmente fué así?... cada teamo mio debí parirlo con dolor y mi corazón de cristal se quebraba al escucharlos. Pero como a la arena vuelven las olas vuelven a mi los ecos, como un macho cabrío que embiste con fuerza, siento el golpe en mi cabeza. Me pierdo si saber muy bien porqué y recuerdo, que solo a tí te sonríe el sol.
El stock de mariposas de colores por el momento se ha agotado, los arcoíris, lunas cómplices, besos apasionados y amores prohibidos también. ¿Entiendes que lo único que supe hacer bien durante esos meses fué quererte? Ahora me hablan los árboles, me cuentan que un tiempo mi pensamiento fué solo un pájaro libre, libre como ahora soy yo, llena de vida y muerte, de llantos y de risas, de nostalgia y regocijo, de felicidad y de tristeza,de esperanza y desazón, de amor y odio. 


Al carajo el sol. Porque ahora soy libre.    

23 may 2011

Sombra maldita

Caminaba solitario rumbo a su casa, los adoquines de la calle lo obligaban a caminar de forma irregular. El frío comenzaba a penetrar aquella ciudad que se hundía de a poco en las tinieblas de otra noche más. Apretó su abrigo viejo y hundió su barbilla en la bufanda rahída y deshilachada. Escondió sus manos en los bolsillos mientras pensaba en las nulas ganas que tenía de volver a su cuarto en aquella pensión deplorable. 
Se enfrentó al edificio viejo y desarmado, aquel tétrico estilo del 1800 a veces le incomodaba. Hoy era una de esas veces. Decidió que era un buen momento para fumar el último cigarro. 
Se sentó en el umbral de la pensión y lo encendió. El frío era infinito. Se dedico a juguetear y observar las ánimas que se formaban con la mezcla de humo y vapor que escapaba de su boca. Se prometió que aquella noche no volvería a dormir allí, antes preferiría morir. Cuando acabó de consumirse aquel pequeño punto de luz humeante, se alzó algo desganado y buscó las llaves en su bolsillo. 
Fué entonces cuando reparó en que alguien lo observaba, desde las sombras, al otro lado de la calle. Hechó una mirada furtiva a aquel que lo observaba, abrió la puerta y se internó en el edificio. Subió las escaleras de a dos peldaños, llegó a su habitación y sin encender la luz sacó las pocas monedas que había juntado en la semana, sacó unos guantes viejos que guardaba en un cajón y se los puso. Sonrió, recordó que le faltaban a lo menos 3 dedos a esos guantes, caminó hacia la puerta y cerró. En la penumbra, apenas alumbrado por una lámina de luz de luna que se colaba por algún tragaluz del antiguo edificio bajó las escaleras. Al encontrarse denuevo en la calle, buscó aquella figura misteriosa que lo había observado mientras fumaba, pero no lo hayó. Partió sin rumbo, hacia cualquier lado, con la fuerte determinación de alejarse de ahí.
Deambulaba solo por las calles desiertas, pateando las piedras, buscando un "no-se-qué", que no encontraba, jugueteando con su aliento fantasmagórico. Pasó por afuera de un par de bares donde se oía el murmullo de la muchedumbre, sonidos de vasos, sillas y música. Señoritas se le acercaron haciendole proposiciones que ruborizarían a cualquiera, pero él caminaba impasible, cual hombre viejo que ha vivido demasiado, y cansado de vivir se refugia en su soledad.
Cansado ya de caminar, se detubo bajo la luz de un farol a observar la ciudad nocturna. Luces titilantes, siluetas oscuras, frio y soledad.
De pronto divisó una callejuela sin salida que le llamó la atención. Se acercó despacio, una luz mortecina se escapaba de aquel lugar. Se detubo en la esquina, como titubeando, luego se adentró en aquél rincón mal iluminado. La luz provenía de un bar, se escuchaba un blues lento, de acordes menores, de voz profunda, era casi un lamento.
Se coló por entre las puertas, entre escapando del frio y lleno de intriga, aquella música le hacía vibrar en lo profundo de su alma. El lugar estaba prácticamente vacío, no le fué difícil conseguir una silla en la barra, miró al cantinero, un hombre viejo de mirada profunda y juvenil, que parecía decir mucho y reir a la vez.
- ¿Se le ofrece algo, caballero? -
Miró alrrededor -si, este... una cerveza - improvisó.
Observó con cautela al cantinero, casi con recelo, por respuesta solo recibía sonrisas amistosas. Las notas de aquel blues lo cautivaban. Una vez tubo aquella cerveza en su mano, desvió la vista hacia el lugar de donde provenía la música.
El hombre que cantaba parecía nostálgico, el sombrero que llevaba le tapaba el rostro. Se quedó así, observandolo largo rato. De pronto, quien cantaba alzó la vista hacia él, sus ojos se encontraron en la distancia, entre la niebla de humo, el olor a alcohol y tabaco, entre el sabor de la nostalgia, entre aquellas notas lúgubres. Los ojos de aquel hombre brillaron como dos brasas, su mirada felina quedó fija en los ojos de él y aquella sonrisa lobuna se hizo evidente. Una carcajada calcinante y grave escapó de aquellos labios. Una cola se dejó ver en su espalda, meneandose de un lado para otro, impaciente.
Dejó lo que quedaba de cerveza y unas monedas sobre el mesón y salió de allí lo más rápido que pudo. Un frío glacial lo recorrió de pies a cabeza. A tientas avanzó por el callejón, estaba totalente ebrio.
Sintió un golpe en su espalda y cayó de bruces al suelo, intentó levantarse, pero cayó nuevamente. De un golpe seco en la nuca se nubló su vista y perdió los sentidos.

Al despertar un hilo de sangre caía desde su boca. La cabeza le dolía enormemente, examinó su nuca y descubrió que la sangre aún se hayaba tibia y líquida. No había estado inconsciente durante mucho tiempo. Su cuerpo apenas respondía y un calor lo atacaba desde muy hondo. Apenas se incorporó, miró al cielo, que parecía desangrarse. Amanecía. Avanzó como pudo un par de metros, hasta que por fin miró atrás. No había bar, ni música, ni cantinero, ni rastros de quien pudo atacarlo. Aunque tenía el sabor amargo de aquel blues en su mente. Se fué caminando despacio del lugar, el dolor no le daba tregua. Finalmente llegó al puerto, ya había algo de sol, pero el viento y el frío del invierno no dejaban que entibiara nada. Se sentó al borde de la acera y trató de recordar... ¿cuál era el nombre de ese bar? ... no logró recordar nada más que los ojos brillantes del hombre que cantaba y la melodía de aquella canción que comenzó a tararear despacio. Apenas hubo cantado un par de notas sintió una presencia. Sintió que se desangraba, que se su cuerpo escapaba un fluido denso y tibio. De pronto todo comenzó a cubrirse por una especie de fluido negro, que se colaba por todas partes. Finalmente hasta el sol quedó cubierto por ese velo de oscuridad. - ¡Tínta! - pensó para sus adentros. Muy cerca suyo divisó aquella mirada felina, que lo observaba, lo estudiaba. Ya sin fuerzas, se abandonó al destino. Aquella silueta se acercó lentamente, hasta que pudo sentir su aliento sulfurado, sus ojos brasientos y sus labios, impregnados de aquella sonrisa lobuna. Acarició su mejilla, dejando todo lleno de sangre y tinta. El blues sonaba, fuerte, al ritmo de su corazón. Cerró los ojos fuertemente.

Despertó sobresaltado, se tocó la nuca y no encontró nada particular, examinó su pecho, miró sus manos. Se estiró un momento y se preguntó finalmente que habría sido aquel sueño. Se sentó en su cama cuando por fin reparó en la mesita de luz.
Había un libro que jamás había visto en su vida, puesto allí. El libro estaba manchado con una mezcla de tinta y sangre, lo tomó y abrió una página a azar. El libro desprendió un olor a azufre tan fuerte que tubo que cerrarlo y taparse la nariz. Abrió la ventana para ventilar la habitación. Cuando se decidió a tomarlo denuevo, lo analizó detenidamente, cuando finalmente leyó el título "Sombra maldita" - ¡ése! - pensó - ¡ése era el nombre del Bar! -

18 may 2011

El de los mil nombres... segundo encuentro

Sus ojos a media hasta y su mirada opaca, que confundía y mezclaba las palabras que leía la hicieron detenerse. Ya era muy entrada la noche cuando por fin, apoyó aquella novela en la mesita de luz que se hayaba a un lado de su cama y decidió que era mejor descansar. Mañana podría seguir leyendo.
Su corazón latía rápido, aquella novela parecía conocerla y adivinar sus pensamientos. Sus más oscuros temores y obscenos deseos. Hundió la cabeza en su almohada, ansiando que el sueño se apoderara de ella, pero no, estaba exhausta... pero no tenía sueño. 
Se acomodó como pudo en su cama, entre cojines y mantas que ocupaban más espacio que ella. De pronto paró en seco... un rayo de intranquilidad cruzó su mente y dejó una estela de temor en su corazón. Se le heló la sangre, escuchó atentamente aquello que parecía una respiración profunda y cavernosa, como la respiración de un fumador empedernido. Una brisa tibia recorrió aquella habitación, demasiado pequeña y demasiado grande a la vez. El olor a tabaco negro enrareció aún más el aire, con una mezcla de olor a azufre y libro viejo. Cerró los ojos lo más fuerte que pudo y se ocultó bajo las sábanas, con la certeza de que aquello la observaba, con grandes ojos amarillos y esa sonrisa de hiena desde el otro lado de la cama...

10 may 2011

El universo confabula

Solo por gritar al viento aquello que presiento, me siento obligada a decir, a propósito de aquella famosa frase de Coehlo que dice "cuando uno desea una cosa, el universo entero se confabula para que esto ocurra" , que las coincidencias y accidentes que he vivido este último mes me han hecho reflexionar mucho. 
Aquello que presiento proviene de este mucho pensar, y meditar. 

Imprevistos segundos en que le/me sorprendo sonriendo con profunda sinceridad, mientras nos espían las estrellas y movemos el cuerpo al ritmo de Sanz que despacito y casi susurrando nos dice:

Acércate un poco más
No ves que el tiempo se nos va
Dá rienda suelta a lo que sientes
Si no lo haces, mala suerte

Porque al final si no lo ves
Puede que no me escuches, pero lo diré
Que, ay, cuándo salga el sol y llegue la mañana
Yo volveré a tu lado, a tu lado con más ganas


quizá esta vez el universo se excedió...

14 jul 2008

Libertad?


Si... a ella la buscamos, la queremos, cuando nos la quitan reclamamos, cuando nos la reprimen protestamos. Gritamos que queremos ser libres... deseamos sentirnos libres... o al menos eso creemos.
Pero cuando llega el momento en que tenemos libertad absoluta para hacer lo que queramos, o es muy tarde... o muy temprano o quizás simplemente no sabemos que hacer con tanto de eso.
Libertad... de expresión, de acto, de opinión... y bla bla bla. Y si cuando nos comprometemos nos quitamos libertad !...
A veces es bueno perder un poco de libertad para recibir un poco de amor no es cierto?
A veces no nos dejan salir hasta tarde...pero tenemos un techo, una casa... un hogar. Y a veces no podemos salir a todas las fiestas... pero tenemos a alguien en quien apoyarnos, confiar y amar.
Que mas da perder un poco de libertad...
libertad... que utopía mas linda la libertad.