Antes de consumirse en aquel fuego, antes de acabar aquella copa de veneno. Mientras las manos le temblaban y apenas lograba producir frases coherentes... susurró:
Amore mio,
dulce es el veneno que
esconden tus labios.
Suave el recuerdo,
tranquila mañana.
La sangre derramada
saturada de besos
que no te pude dar.
Tinta de tus lágrimas
y el corazón, tambor
olor a sentencia
y almendra.
La pluma escribe sola
se condena, acordes
la lluvia canta y las cuerdas
se enredan en la canción
alegre palpitar de madera mojada
Fuego lángido, ardes.
Pasión que mantiene viva
esta razón.
Tus labios, mi vida,
caigo...
Terminó la copa, e fuego se hizo ceniza y nada sucedió. El único veneno que existió fué el humor que se escondía en su boca, el único fuego el de sus pasiones. Entonces descubrió una duda fatal, mortal... Si el hormiguero que había en su vientre era real, las luciernagas revoloteaban sin cesar... sería acaso...
¿se habría vuelto a ...?