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26 abr 2014

Semana santa en el Parque Andino Juncal

Para semana santa fuimos con mi familia a conocer el Parque Andino Juncal, un Parque privado que queda en la cordillera aproximadamente a 3 horas de Santiago. Siempre me ha gustado la montaña y el frío, así que partí con bastante emoción y ansiedad (dejando en Santiago todas las responsabilidades... tenía que hacer un trabajo en grupo para la U y los dejé botados prácticamente... Uups). 
En general el camino es bueno, pero no hay que toparse con los camiones, al final uno entra a la carretera de los libertadores (si, esa que va a Mendoza) y en la curva 0 te desvías (el peaje no es necesario pagarlo, uno dice que va al Parque Andino Juncal).
Llegamos hacia la tarde del viernes, el paisaje es sobrecogedor.  Hay poca vegetación, las montañas imponentes se levantan a un lado y al otro del valle y un pequeño estero corre a varios metros por debajo de donde uno acampa. El camping tiene una "zona común" que hace años fue una yesera, hoy en día los hornos se usan para dormir. 
Fuera de unos dolores de cabeza de mis viejos, no hubo problemas con la altura. La noche es fría y algo ventosa, nos nevó un poquito. 




El sábado nos levantamos temprano para ir hacia el ventisquero Juncal, tomamos un buen desayuno, preparamos las mochilas con harta agua y partimos. En el camino se pasa por lugares hermosos, hay un tramo largo en que uno camina al lado de una vega,el amarillo fuerte mezclado con el verde y arriba el cielo absolutamente despejado eran un verdadero espectáculo. Hay que caminar tranquilos, si apurarse, se nota un poco la falta de oxígeno, se acelera el corazón y hace falta el aire antes de lo esperado. 




Se cruzan varias quebraditas hechas por esteros pequeños (en otoño ya sin agua) hasta llegar a "los monos de agua" un estero que trae agua todo el año y que hay que cruzar, el agua es heladísima y hay que hacerse la idea de que uno entra hasta las rodillas, pero créanme, vale la pena el sufrimiento. Desde los monos de agua falta aproximadamente 1 hora de caminata para llegar al ventisquero, uno va bordeando una montaña que está a la izquierda y de repente aparece el ventisquero Juncal, imponente y grande que se eleva hacia atrás. Allí paramos a almorzar. Yo y el Renzo después de comer seguimos subiendo bastante hasta poder tener una vista panorámica del ventisquero, aunque eso significó que sin quererlo caminamos sobre el ventisquero mismo. Sacamos unas fotos y bajamos rápido para salir del ventisquero 


(la verdad estar arriba de un ventisquero es más peligroso de lo que parece, la gran masa de hielo a veces forma túneles subterráneos que pueden colapsar ya sea porque uno anda caminando por ahí o porque si).

 De vuelta el paisaje de la vega realmente es como para grabarlo en la mente. En la noche nos quedamos al rededor del fuego de la zona común y conocimos y conversamos con gente que venía a este lugar desde hace muchísimos años, son guarda-parques y amantes del lugar, gente muy valiosa e interesante que nos contaron varias historias del parque y sus dueños, fue una noche grata -y como hizo menos frío dormí mejor jajaja-.

Como experiencia fue muy buena, superó mis expectativas. Es un parque hermoso, el paisaje es espectacular y la gente es de gran corazón. Quedamos todos con ganas de volver, si bien faltan cosas (como un water para la gente que no puede usar el sistema que hay allá y algún sistema de buena delimitación del sendero) son realmente detalles al lado de lo que ofrece este maravilloso lugar. 100% recomendado para gente que guste del trekking y no sea muy quisquillosa con los camping. 



Informaciones: 
http://parqueandinojuncal.cl

4 mar 2012

Por tanto extrañarte



A veces el viento me traía tus caricias, con suaves brisas acariciaba mis mejillas, delicadamente... casi como si se arrepintiera de hacerlo. 
Y en el horizonte se dibujaba tu silueta desnuda, tu pelo alborotado, tus hombros firmes. En el silencio escuchaba el eco de tus labios rozando mi gastada piel.
Los atardeceres resplandecían colores ardientes, como tu corazón, el cielo se teñía de sangre hirviente que escapaba de mis venas para unirse húmedamente con tu recuerdo en ese paisaje onírico.
Desde lejos tu abrazo cálido se mezclaba con el frío penetrante. Caía en mi abismo tu luz candelaria. Mis manos te extrañaban, mis pechos te extrañaban, mi vientre te extrañaba. Mi corazón latía sin locura. 
Escapábanse águilas de garras afiladas de mi mente, pesadillas agrias que se enredaban en mi pelo y caían lentamente por mi espalda, hiriendome este cuerpecito mio, que no se aguantaba ni los huesos. 
No me acostumbraba a tu ausencia, asi que busqué tu escencia en las cosas dulces que la tierra inhóspita y final me ofrecía amablemente. Te vi en las montañas, en las nubes, en el aire, en las olas del mar, en las corrientes de los rios, en el calafate, en los ojos del zorro salvaje, en el vuelo del cóndor, en el cantar de las bandurrias, en el color de la parina, en la grandeza de la ballena, en la oscuridad de la noche, en la inmensidad de la pampa, en la delicadeza del llao-llao, en el correr ágil del guanaco... te vi, en el centro de Tierra del Fuego, te vi.



15 sept 2011

Recuerdos y pasajes

Recordarlo mientras el café humea y el chocolate se derrite en mi boca, recordarlo y sentirlo en la memoria tan cerca, tan cálidamente cerca.


Pasajes de ida y regreso a Venus, maravillosamente cierto.

9 sept 2011

Libertad

En el silencio hay palabras que solo el viento conoce. 
Habrían de pasar muchos años antes de que Maira se decidiera a leer la carta de Gastón. Cuando él se la dio, le dijo claramente léela sólo cuando sientas que estas preparada, quizá cuando me ames más que nunca... o todo lo contrario. Estaban juntos... por última vez. Habían pasado meses maravillosos juntos, pero el destino quiso que esa fuera la última vez que se vieran. Ella en primera instancia no le dio mayor importancia a aquella carta. No solían llamarle la atención a ese tipo de cosas, flores, poemas, chocolates. Simplemente los recibía cortézmente y los amontonaba en algún rincón. Pero cuando Gastón desapareció, atesoró esa carta como nunca había atesorado otra cosa. Su corazón quedó detenido en aquel recuerdo, aquel beso de despedida, tan sutil, tan triste. Y siempre sonaba en su cabeza esa letanía "...cuando me ames más que nunca... o todo lo contrario".
Habrían de pasar muchos años antes de que Maira se decidiera por fin a vencer el miedo, a amarlo como nunca lo había amado, a romper el sello, a leer aquella carta. 
Al leerla lloró, lloró con ojos contentos, ojos felices. Sonreía suavecito. Una que otra lágrima se escurrió por su pecho, otras cayeron al papel. 
Con delicadeza infinita dobló la carta, la apretó fuertemente contra su pecho y respiró hondo. Su piel joven se hizo más radiante y sus ojos brillaron con fuerza. Recobró toda la energía que en aquellos años parecía haber perdido. Se levantó de la silla y con la carta aún en la mano decidió partir. 
Horas más tarde Maira se encontraba ya lista para huir, sus pocas pertenencias las guardó en una mochila, tomó un poco de pan y lo echó en el bolsillo de su abrigo raído. Sintió que su corazón latía más fuerte. Finalmente, soltó todo lo que la amarraba a aquel lugar, abrió la puerta y vio el sol radiante que le sonreía. Fascinante , pensó, así debe de sentirse el ave lanzada al vacío, y que por fuerza debe aprender a volar. Y se marchó a la vida, pisando la arcilla del camino. 

15 jul 2011

Ejército de luciernagas

Dejé un par de besos revoloteando en tus labios... olvidé un pedacito de mi piel entre tus dedos. Quizá un par de sueños que a propósito deposité en tu almohada.

Y ahora tomo un café, pensando en que llueve. Llueve allí afuera y el agua que cae me habla de tantas historias. Y me habla de mí... y de ti. Luego canta... tu canción.

Y ahora florece la ternura en todo su esplendor, amanece. Recuerdo tu voz, como el sol. Que tras las nubes no lo puedo ver, pero ahí está, lo sé.


Y ahora que pronto partiré, los pajarillos me recitan un color. Y yo te dejo mi sangre para que cuando vuele, lejos de aquí... sepas que volveré siempre a ti.

Las cuerdas que me atrapan entre trastes y clavijas, se me enredan con las tripas y las alas de mi memoria y un ejército de luciérnagas que invade mi vientre, desde ayer.


20 jul 2008

A veces me dan tantas ganas de irme a vivir a algún lugar lejano.
Lejano de la civilización y sus eternos problemas, quejas, estreses y etc. Un bosque, la patagonia, alguna región inhóspita, alguna playa desierta... algo. Bien, el problema es, y son varios. pero el más fuerte, es el de que solo tengo 16 años... y he vivido siempre en una granciudad. Y en el fondo, toda mi vida esta aqui... mi familia, mis amigos, mis perros, mi educación... y practicamente es mi hogar. Pero confio en que algun dia me voy a ir de esta gran ciudad, de este santiago contaminado... lo prometo...