
Y es curioso cómo nos cambia el mundo.
Cómo nos cambia la vida. Que nos cambie la rutina, los amigos, la familia. Que nos cambie la manera de enfrentar un nuevo día y
la forma de amar. Que nos cambien los
ojos con los que vemos a la gente, que nos cambie la comida. Como es curioso que nos gusten otros
olores, otras
caricias, otras
sonrisas.Y más curioso que nos gusten otras personas, otros ambientes.
En un mundo nuevo nadie te conoce. Podrias ser tú quien
mata palomas blancas... y nadie lo sabría. Quizá podrias ser tú el que de
noche se cuela en
sábanas ajenas. Es posible que incluso seas tú el que esconde
mil y un secretos. Pero nadie, absolutamente nadie está enterado.
Y ves la vida simple y tersa, como el
volantín que se eleva con el
viento suave,que surca el cielo azul, de froma serena, tranquila... bien slow y miras atrás, el pasado... tan lejano queda ya, que produce
nostalgia.Aquella seguridad, aquella calma. Otros tiempos dirán, pero yo no lo creo.
Solo camino entre los arbolitos que dejaste
olvidados la última vez que me visitaste, y observo cómo los barquitos de papel, de
colores brillantes, se pierden en un mar de papel celofán. Y en el horizonte un sol radiante, que sonrie placidamente, me invita a perderme en esta visión, tán inspiradora. Pero entonces recuerdo que mis pensamientos escapan, y tengo que volverme para guardarlos en el corral y que no vayan demasiado lejos...
demasiado lejos. Entonces pienso en ti. En que ahora estas con ella. Y yo hace tanto que no estoy
contigo. Y en el fondo nunca lo estube. Pienso en la
desilusión y en el
desamor, en las oportunidades... Y tengo fe en una
vida nueva. Una esperanza en un nuevo comenzar cada mañana
sin ti. Habiendote
olvidado por completo. Confío en mi
olvido, y que pronto quedarás tapado por un montón de ese polvo que cubre lo
abandonado.
Juro que quiero creer... pero me cuesta dejarte. Esque estabas tan profundamente clavado a eso que llaman
corazón, que creí que jamás podrías salir de ahí. Pero he aprendido que toda herida
cicatriza, que a veces impurezas quedan adentro y se reabsorben, pero no molestan. Siempre estan presentes como pequeños
fantasmas, siluetas del accidente. Como tú, que me sigue rodando tu
sombra en la cabeza.
Y a veces todo se reduce al
estado crítico de un palpitar débil. Al
frágil llanto. Un desalentador
suspiro... un intimidante
grito