Amalia se despertó despacito en aquella fría mañana. Nevaba y hacía frio en los huesos, dentro de la cama, bajo las mantas... definitivamente sentía que no había mejor lugar que ese. Cerró los ojos un ratito, sin dormirse denuevo. Pa' descansar, pa' animarse a enfrentar la vida otra vez. La pieza estaba casi oscura, solo se filtraba una débil luz por entre las cortinas de la ventana. El silencio se presentaba imperturbable. Cuando reunió la voluntad suficiente, se despegó rápido de las sábanas y fué directo a alimentar el fuego.
"Buena día Kalen" susurró, el fuego bostezó y paulatinamente fué consumiendo la leña, llenando de un cálido aroma la casa. Amalia acercó la cafetera al fuego, tomó una taza y se sentó a esperar, mirando distraida por el vidrio levemente empañado.
En realidad su mente estaba mucho más lejos, miraba en lo profundo de su alma el recuerdo de un muchacho, se ahogaba en su mirada. Se decía a si misma que era imposible imaginar cuánto lo extrañaba, y ella no acostumbraba a extrañar.
- "Amalia, tu café..."
- "Oh!, gracias Kalen... casi lo olvido"
- "¿Qué sucede Mali? te veo algo... distraida, ¿no será que aún piensas en...? "
- " No Kalen, no es él... definitivamente no es él."
Amalia miró sonriente al fuego, Kalen chisporroteó unos instantes
- "¿Entonces...?"
Amalia guardó silencio durante algunos segundos, sonriendo. Trataba de ordenar las ideas, pero estas parecían aún demasiado inquietas. Tomó un sorbo de café, dejo la taza en el mesón, se agarró la cabeza y la abrió con delicadeza. Agradeció su pelo corto en aquel instante, porque los pensamientos salieron a presión, y fueron a parar a todas partes. Cerró su cabeza y se sentó a observar.
- "¿Qué opinas Kalen?"
- "Pues bien, definitivamente no es él... pero, es otro. ¿Porqué piensas tanto en él? ¿te preocupa?"
Ah, eso es algo que el fuego jamás podría comprender. Amalia miró a Kalen con compasión y rió.
- "¡Pero de qué te ries niña! si la pregunta va enserio"
Los pensamientos revloteaban con un débil brillo azul, mostraban a ratos miradas, labios, momentos, siempre del mismo.
Amalia terminó su café, llamó a sus pensamientos con un suave silvido y todos sin excepción fueron a las palmas de sus manos. Ella los tragó nuevamente. Caminó descalza hasta el armario viejo, sacó algo de ropa para ponerse y un abrigo rahído.
- "Deberías tener algo de ropa decente Mali"
- "Cálla Kalen"
Se colgó unos cuantos amuletos que hayó por ahí e hizo ademán de salir.
- "Amalia, debes de estar loca, hace demasiado frío allí afuera, vas descalza, te congelarás"
Amalia miró por la ventana, nevaba aún.
- "Tienes razón, cuando pare un poco saldré... y me pondré zapatos, gracias Kalen... no se qué haría sin tí"
- "Probablemente morirías de frio"
Refunfuño Kalen, y volvió a su labor.
Amalia se sentó en una silla y miró al infinito. De pronto notó como una silueta se recortaba entre el blanco y el frío. El viento hacia flamear la capa y la bufanda de aquella misteriosa figura. Su vientre se hizo fluorescente en cuestión de segundos y sus ideas se inquietaron aún más. No sabía realmente si era él, pero lo presentía. Se quedó allí, a la espera de aquél que caminaba a duras penas entre el viento y los copos de nieve. Subió sus pies a la silla y se besó las rodillas. Despacito, dibujó un corazón empañado en el vidrio. El corazón latió deprisa.
Era él.
"Cuerpecito mio, en tanto lío que te he metido. Ahora viene él a curar con sus besos lo que me han hecho otros. Me tomará de la mano y me hará sentir feliz, aunque sea por un tiempo. El suficiente pa' pasar el invierno y pa' capear el frio...el café..."
Tocaron la puerta 3 veces, ella puso la cafetera cerca del fuego. Kalen la miró con recelo. Fué a la puerta y abrió. La fugura entró sin pedir permiso y cerró la puerta, lentamente fué descubriendo su cara, se bajó el gorro, se quitó la bufanda. A Amalia casi se le quebraron las piernas de la emoción, saltó a sus brazos y lo besó.
24 jul 2011
23 jul 2011
veneno
Antes de consumirse en aquel fuego, antes de acabar aquella copa de veneno. Mientras las manos le temblaban y apenas lograba producir frases coherentes... susurró:

Amore mio,
dulce es el veneno que
esconden tus labios.
Suave el recuerdo,
tranquila mañana.
La sangre derramada
saturada de besos
que no te pude dar.
Tinta de tus lágrimas
y el corazón, tambor
olor a sentencia
y almendra.
La pluma escribe sola
se condena, acordes
la lluvia canta y las cuerdas
se enredan en la canción
alegre palpitar de madera mojada
Fuego lángido, ardes.
Pasión que mantiene viva
esta razón.
Tus labios, mi vida,
caigo...

Terminó la copa, e fuego se hizo ceniza y nada sucedió. El único veneno que existió fué el humor que se escondía en su boca, el único fuego el de sus pasiones. Entonces descubrió una duda fatal, mortal... Si el hormiguero que había en su vientre era real, las luciernagas revoloteaban sin cesar... sería acaso...
¿se habría vuelto a ...?
15 jul 2011
Ejército de luciernagas
Dejé un par de besos revoloteando en tus labios... olvidé un pedacito de mi piel entre tus dedos. Quizá un par de sueños que a propósito deposité en tu almohada.
Y ahora tomo un café, pensando en que llueve. Llueve allí afuera y el agua que cae me habla de tantas historias. Y me habla de mí... y de ti. Luego canta... tu canción.
Y ahora florece la ternura en todo su esplendor, amanece. Recuerdo tu voz, como el sol. Que tras las nubes no lo puedo ver, pero ahí está, lo sé.
Y ahora que pronto partiré, los pajarillos me recitan un color. Y yo te dejo mi sangre para que cuando vuele, lejos de aquí... sepas que volveré siempre a ti.
Las cuerdas que me atrapan entre trastes y clavijas, se me enredan con las tripas y las alas de mi memoria y un ejército de luciérnagas que invade mi vientre, desde ayer.
14 jul 2011
Lo que pienso...
Lo que creo es que la gente le tiene miedo a la Libertad. Si, la gente tiene miedo de ser libre. Si no fuera así entonces ¿porqué seguirían ocupando ese añejo argumento de que si "el gobierno no pone orden la cosa se transforma en un caos? ¿de qué caos estamos hablando?.
Acá estoy poniendo en duda el verdadero y original derecho a la propiedad privada. ¿qué tan sustentable es? ¿algo es mio solo porque pagué un par de billetes y monedas vacías por él?.
Este "derecho" ha enajenado a la gente durante demasiado tiempo, tanto, que ya no son capaces de cuestionárselo. No son capaces de ponerlo en duda, pero eso es precisamente lo que quiero hoy. Me preguntas a mí ¿te gustaría que de la noche a la mañana te robaran todo y te dejaran en la calle? bueno, ¡eso es lo que pasaría si no hubiese orden público! ... la "ley del más fuerte", toda esa sarta de argumentos que a mi juicio no tienen validez. No porque me quiten todo lo material voy a dejar de ser menos persona... Incluso si me quitan a quienes quiero, no muero yo. Lo único y más importante que poseo es mi propia vida y las riendas de ésta, mi ideas, lo demás, es efímero... puede estar o no estar. ¡Claro que no me gustaría!, pero no porque algo no me guste va a estar bien o mal. A nadie le gusta ponerse una vacuna, sin embargo está bien ponérsela. No creo en el caos absoluto. No creo en que "mi libertad termina donde comienza la tuya", son bonitas palabras, pero carecen de sentido. Creo en lo que una vez me dijo un conocido, la libertad es un gran campo compartido, es de todos, y de nadie a la vez.
La libertad tiene un poder inmenso, pero nos es coartado ese poder, para "mantener el orden". Y por eso la gente le tiene miedo a la libertad, poder implica responsabilidad, y la mayoría prefiere andar por la vida con la menor cantidad de responsabilidades posibles.
Me cargan los indiferentes. Creo que vivir se trata de participar y no de ser "buen ciudadano". La indiferencia es conformismo, una carga del sistema, parte del rebaño que se amolda, seres que se dejan pasar a llevar, el "pueblo estúpido y no pensante" del que hablan algunos hombres de poder falso, la masa. Pues no, un pueblo no es eso. Un pueblo es una comunidad hermosa, que se manifiesta, que vive, que es libre. Pero el sistema en el que hoy vivimos solo se esmera por encerrarlo dentro del corral, cada vez más apretado.
13 jul 2011
El paseo
- ¿Te sorprendí? - le dijo ella entre risas, un poco jugueteando, sacó sus manos de los ojos de él y lo miró de frente. Él sonreía, ligero. La miró con cariño y besó su mejilla - si, me sorprendiste, me asustaste, ¡no tenía idea de quien fuera! - dijo con tono sumamente irónico y coqueto. Rieron. Habían quedado de reunirse en el prólogo del libro.
Caminaron largo rato por el paisaje, hablando sobre cosas que no viene al caso mencionar. Pero estaban ahí, entre los grandes Plátanos orientales, todos amarillos hechos de acuarela y casi sin hojas, en esa tarde fresca y radiante de un julio casi invernal, las hojitas ocres y bermellón eran pinceladas del óleo de algún pintor.
Reían a cada instante entre el óleo, la tinta, la tela y el papel. Se reían de su autor. ¿qué saben de lo que sucede en los libros cuando nadie los lee?
Él cortó una flor de alambre para ella, el destino del libro decía que ellos no se conocerían, estaba escrito que ellos jamás se mirarían. Aún así, mientras nadie sabía, ellos se querían. Y ella lo besó lentamente, mientras la tinta se corría, mientras el óleo se resquebrajaba, mientras pasaban los años y el libro jamás se leía... porque ellos habían inventado su propia historia, y ahora tenían la esperanza de que un día, el tiempo borraría las palabras escritas.
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